


Desde hace tiempo me habían recomendado Hellsing. Ayer que pasé al Blockbuster de la esquina para aprovechar la oferta de “Todas las rentas a 10 pesito”, me encontré con el volumen uno y dos de la serie anime, así que la renté entusiasmado. La primera actividad de este fin de semana será agotarla. Sin duda, la hiperviolencia y lo gore de Hellsing promete. Veremos qué rock, dijo Homero (No el Simpson, sino el helénico; aclaro).
Cuando era niño, perdí a un perro; ‘alguien’ dejó la puerta abierta de nuestra casa y Dobbie se salió para nunca volver. Ignoro cuál fue su suerte. Aún lamento su pérdida. El fin de semana crucé por una especie de parque y me di cuenta de que un perrito andaba perdido, se salvó de que lo atropellaran y se internó en ese parquecito en el que yo esperaba el camión. Noté que traía un collar con una placa, seguramente con su nombre y teléfono de los dueños. Intenté agarrarlo para llamar a los responsables del animal, pero el perro era desconfiado y esquivo como el diablo. No lo conseguí, se me dio a la fuga con rapidez propia de un cuadrúpedo. Camino a casa me reproché no haber capturado al perrito para salvarlo de un casi seguro atropellamiento, pero por lo menos lo intenté. Me hubiera gustado llamar a sus dueños y esperarlos a que vinieran por él y ver el rostro de satisfacción y alegría del niño o niña a quien pertenecía el perrito. De esa manera, infiero, hubiera subsanado aunque fuera un poco el extravío aún doloroso de Dobbie y hubiera salvado una vida perruna. No fue posible. Dobbie sigue perdido, para mi pesar.

El 17, 18 y 19 de este mes, en la plancha del Zócalo estará tirado de panza Simón, un muñeco inflable de 38 metros de largo por 18 de alto. Los visitantes podrán entrar gratis por la boca del monigote para conocer 'in situ' el funcionamiento del cuerpo humano, específicamente el del aparato digestivo.
Hace unos días vi en la Cineteca Nacional El tiempo del lobo, para mí la mejor película de Michael Haneke. Las consideraciones acerca de la cinta quedarán, quizá, para otra ocasión. Hoy quiero referirme exclusivamente a que en el filme actúa Béatrice Dalle. Conocí a la actriz francesa en mi adolescencia, a través de la estupenda e inolvidable 37.2 ° le Matin, o Betty Blue, título para América. 

Ya sea por cuestiones políticas, de desdén o por detalles de infraestructura, U2 ha castigado a sus seguidores mexicanos, que somos como dos chingos, en varias ocasiones. La banda irlandesa nos ha marginado de sus mejores giras, es decir, las de los discos Rattle and Hum, All That You Can’t Leave Behind y el del más reciente: No Line On the Horizon. Desde este mes está a la venta el DVD del concierto en el Rose Bowl, California, que corresponde al Tour 360°.
Cuando supe la noticia de que U2 no vendría a tocar a México, lo lamenté mucho no tanto por escuchar en vivo algunas rolas del no tan logrado y sólido No Line On the Horizon, sino por el espectáculo visual que representa ese escenario monstruoso que les diseñaron para la nueva gira. Ayer que vi el concierto en mi casa comprobé lo que escribí al principio, que U2 una vez más nos privó de unas de sus presentaciones más memorables.
Bono y compañía han logrado lo que parecía impensable: revitalizar el espectáculo al que nos tienen acostumbrados en vivo aun con las canciones y las posturas personales de siempre. La lista de canciones que interpretan está mejorada debido al orden de ejecución y a ciertos condimentos con las que las han reciclado. La estructura metálica que los enmarca, esa especie de tecnoaraña, es impresionante cuando se enciende completamente. El escenario giratorio y de varias pistas hace que todo mundo tenga de frente al grupo y que los integrantes se desplacen con mayor facilidad y dinamismo.
U2360°AT THE ROSE BOWL cumple su objetivo, que no es otro que complacer a su público cautivo pero, sin exagerar, convencería a algunos de sus detractores. A mí el DVD me prendió casi las dos horas que dura; incluso, rolas a las que no les daba suerte en vivo, como Magnificent y Moment of Surrender, consiguen un ruptor emotivo encomiable. Aún me queda por ver el disco dos, con el documental de la gira y detalles de la construcción del escenario-alma de los conciertos, algunos videos y canciones inéditas, pero ya puedo decir que valió la pena la compra.