lunes, 18 de enero de 2010

CHARLOTTE ROCHE, ANTIHEROÍNA ERÓTICA


Pensar en un parangón mexicano de una novela como Zonas húmedas (Anagrama, 2009) ópera prima de Charlotte Roche, es imposible. La escritora británica de 31 años logró escribir una especie de diario erótico carente de todos los supuestos que canónicamente suelen acompañar a la “literatura licenciosa”. La propuesta de Charlotte es simple y, por ende, acertada: una prosa directa, sin subterfugios seudosinestésicos o ridículamente  dizque transgresores, propios de los que se aventuran en el género, y una historia sencilla pero sólida y con varias aristas que la enriquecen problematizándola.

Zonas húmedas es la novela del hoyocentrismo, del absoluto femenino en cuanto a vagina, ano y boca. Helen, la protagonista, joven bisexual de 18 años, prefiere asir el mundo adulto, al que recién accedió más que gustosa por la permisibilidad que atañe, a través de sus cavidades. Helen puede descubrir el grado de neurosis de una mujer lamiéndole la vagina o paladeando el sabor de sus tetas, el carácter de un hombre viendo y después sintiendo el rigor de su verga y probando su prebenda seminal. Pero a la par que descubre al otro se conoce a sí misma por las respuestas sexuales que su cuerpo, en complicidad con su psique, le ofrece. De esa manera, Helen se construye una sexoteoría psicosociológica conductual tanto del género masculino como femenino, que poco o nada tiene que ver con el placer carnal llano.

Mención especial merece el culo de Helen. En algún momento de la novela, sentencia que el mejor sexo, o el verdadero, es el que se obtiene rememorando a Sodoma. Helen sufre y disfruta el mundo mediante su ano. Un padecimiento grave de hemorroides la confina varias semanas en un hospital, donde para no aburrirse evoca sus encuentros sexuales, con especial deleitación en los que su culo fue protagonista. Entre derramamientos de sangre por el recto y la excitación por los recuerdos, Helen planea, con una candidez infantil, que sus padres, divorciados, coincidan en una visita y comiencen a tratarse de nuevo para que reinicien su relación sentimental. 

Zonas húmedas expande y desacraliza el término erótico, donde mierda, menstruo y otras deyecciones consideradas non sanctas adquieren, muy lejos de la escatología sadeana, un cariz diferente, Roche las transforma a través de un "infantilismo sensorial" en materia propia de los placeres más gloriosos y, por consiguiente, en parte del eros más puro y totalizante.         

viernes, 15 de enero de 2010

GRAZIE MILE!


Gracias a Dios es viernes. Y por si esto no fuera motivo de regocijo y para seguir creyendo en la vida, propongo a la mujer más cachonda sobre este mundo al que llaman Tierra, para olvidar cualquier infortunio o pestífero oprobio. Cabría preguntarse quién disfruta más a quién, si SuperMegan Fox a la lencería Armani o viceversa. No quiero saber la hipotética respuesta. Neta que no.





jueves, 14 de enero de 2010

AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD



Para aquellas niñas delicadas y asépticas que se quejan de que el semen de alcohólico sabe a algo muy cercano a la chingada, una compañía farmacéutica de las europas tuvo a bien crear Sweet Release, medicamento dietético que, aseguran,  “en un mes de consumo dará un exquisito sabor a manzana al fluido masculino”. Si usted, nulo lector, es un atleta del alcohol y su mujer o pareja sexual le recrimina no su afición a la peda, de lo contrario no tendría vieja, sino ese “amargoso” sabor de su lechita, tome una cápsula de Sweet Release dos veces al día y terminará con todo pinchi reclamo histérico. El milagroso medicamento es 100 por ciento natural, pues está hecho a base de hierbas; la “botellita” contiene 60 pastillas y tiene un costo, por introducción, de 42.67 euros. Y si le parece que es una inversión excesiva sólo para la felicidad de su coitocompañera, Sweet Release reduce el colesterol y ayuda al sistema inmunológico, por sus propiedades antibacteriales y ácidos grasos como el Omega 3 y 6. Es decir, ¡toda una puta maravilla! En caso de que no tenga tanta solvencia de dineros, nulo lector, pues ya de perdida tómese su ron Glorias de Cuba o su marranilla, entiéndase mezcal Tonayan o aguardiente León, con refresco Manzanita, no con Squirt, por aquello de la acidez seminal. Digo, hay que ser puerco pero no tan trompudo.

miércoles, 13 de enero de 2010

¡TIERRA DE ZOMBIES (SIC)!



Soy fan irredento del tema zombi. Foxdine se burla mucho de mí porque cierta vez le confesé que uno de mis temores más grandes es que ocurra una hecatombe zombi, sí, que todos se anden tragando unos a otros a diestra y siniestra. Pues bien, no podía dejar de ver Zombieland, cuya traducción en esta ocasión es casi correcta, de no haber sido por la pendejada mayúscula de ponerle Tierra de zombies en lugar de Tierra de zombis. Los pendejos de la productora que distribuye la cinta en México no saben que la palabra angla zombie existe en español. En fin.

La película es, en general, muy cagada, pero salí del cine pensando en que si alguien que no tiene la fascinación por lo zombi la podría disfrutar. El humor gringo nunca se ha caracterizado precisamente por las carretadas de neuronas que lleva detrás, pero en el contexto zombiapocalíptico-fársico en el que transcurre la película lo hace disfrutable. Pero la neta es que a mí me atrajo más la violencia, una rayita más arriba de lo gore, con la que Woody Harrelson despacha placenteramente a decenas de infectados.
 
Mención aparte merece la aparición del gran Bill Murray, quizá lo recuerden en filmes tan chingones como Lost in Translation, en el que la supermami Scarlett Johansson se enamorá de él, y Broken Flowers, esta última del genial Jim Jarmusch. La actuación de Bill, como él mismo, es una autoparodia o un homenaje ante mórtem nada solemne con un final inesperado que, esto sí, provoca que te cajetees de risa. Seguro que eso es lo mejor de la cinta.

Zombieland no obtendrá ningún premio, ni siquiera el Chespirito (¡horror!), pero tanta moronga y vísceras por todos los rincones de la pantalla, además del redescubrimiento de la ricura Emma Stone, una de las protagonistas, hace que te olvides del pinche frío y de que aún sigue en el poder un tal Calderón, de quien no es difícil asegurar que tiene el cerebro zombificado (sic).


     

martes, 12 de enero de 2010

ALGO SOBRE EL VIEJO DÁMASO MURÚA



La semana pasada una gripe, que parecían dos, me tiró en cama. Con un pretexto irrefutable para no ir al trabajo, me dediqué a leer entre cobijas y sábanas. Le tocó el turno a Amor en el Yanqui Stadium, de Dámaso Murúa, escritor sinaloense muy poco conocido y menos valorado, injustamente. Un suceso de hace varios años da prueba del valor ético y profesional como escritor de Dámaso.

Las autoridades culturales de Culichi City, entiéndase Culiacán, decidieron nombrar a Murúa Premio Sinaloa de las Artes, reconocimiento que se infería otorgado más por vergüenza y culpa por el olvido al que tienen sometido a Dámaso, que por verdadera revaloración de su obra. El autor de la novela El Güilo Mentiras, que podemos considerar de culto, pese a su gran necesidad económica les pintó unos ENORMES güevos a quienes querían condecorarlo con tal distinción y otorgarle no sé cuántos miles de pesos. No aceptó el premio. Y creo que a partir de eso, los responsables del Sinaloa de las Artes antes de nombrar a otro, para ellos, merecedor, preguntan si es aceptado o no.

Dámaso Murúa probablemente considere que un escritor exclusivamente comprometido con su obra no necesita de dádivas estatales u oficiales, porque su trabajo literario tiene como prioridad la autosatisfacción y el reto pretérito consigo mismo, no ganar becas, premios o quedar bien con los demás, menos con los neocensores de la literatura nacional, esos que arbitrariamente loan, desprecian o simplemente ignoran el trabajo del otro, siempre que no sea su amigo o cofrade, claro.

Amor en el Yanqui Stadium (Costa-Amic, 1978) tiene tres o cuatro cuentos con la altura para considerarse en cualquier antología nacional o internacional. Uno de ellos es un evidente y más que digno embrión de lo que hoy rifa tanto mercadológicamente: la literatura del narco. Otro, una especie de síntesis o imbricación, memorablemente lograda, de la historia de la literatura amorosa o sentimental, una moderna contextualización del drama de Helena de Troya en las cálidas tierras sinaloenses. Y uno más que es una tragicomedia ocurrida durante un juego de beisbol, deporte tan preciado para el autor.

El humor, la denuncia sociopolítica, la fascinación-terror por la ciudad de México, la delgada línea entre la crónica deportiva y el cuento, los juegos verbales y de adjetivación, los regionalismos con intenciones de universalización y, sobre todo, su único compromiso de contar bien una historia, hacen de Dámaso Murúa un escritor que hay que recuperar y revalorar.


viernes, 8 de enero de 2010

AMÉN NÚMERO UNO


Lo bello sólo tiene un tipo. Lo feo, mil.
Victor Hugo.

jueves, 7 de enero de 2010

OJOS QUE HACEN BAJAR LOS NUESTROS


En uno de los poquísimos días que estuve sobrio la última quincena del año pasado pude ver por cable La vie en rose. Así es, la cinta sobre Edith Piaf. No sé si quedé más impactado por la vida truculenta de la Piaf, que desconocía en absoluto, no así su música, o por la actuación de Marion Cotillard en el papel protagónico. Neta, la franchutita alcanza unos registros dramáticos sorprendentes en cualquiera de las tres etapas vitales en las que representa a Edith. La película también es valiosa porque no es una biografía maniquea al estilo Hollywood y está narrada no de manera lineal, con gran recreación del París de la época, sobre todo de las tabernas y cabarés sórdidos que coloreaban a la vieja capital francesa. Después de ver La vie en rose entendí por qué siempre que estoy tomando la bebida me dan unas ganas masivas de poner mi viejo disco de éxitos de Edith Piaf: la insigne intérprete bebía alcohol en cantidades industriales e, indefectiblemente, impregnó sus canciones de rancio vino tinto galo. Certidumbre que a nosotros, los bebedores ahora y en la hora de nuestra muerte, sabemos ventear y no tenemos opción más que proceder a solidarizarnos con el Ars Poetica de la gran Edith Piaf. Salute!     

miércoles, 6 de enero de 2010

BÚSQUEDA DE SANTIDAD


Hoy comencé a releer Diario de un aspirante a santo, de Georges Duhamel. De las virtudes narrativas y de la importancia literaria de esta obra quizá escriba después. En esta ocasión ‘postera’ quiero referirme al dueño de ese libro. La novela le pertenecía al hermano de un compañero de mi laburo, quien hace poco decidió vender la biblioteca del primero. Yo le compré varios lotes, y en uno de ellos venía el libro que mencioné, en una edición de 1939 de editorial Losada. Pues bien, el hermano, cuyo nombre era o es Rafael, un día, no sabemos si glorioso o funesto, decidió abandonar familia, trabajo y oficio (escritor y lector voraz) para siempre. Antes de su partida les dejó una carta a sus hermanos, en la que escribió, a grandes rasgos, que él estaba "terminado", que ya no tenía nada que hacer ahí (en su casa, junto a su familia… en su vida, en una palabra), por lo que había decidido “irse”, y les pedía que no lo buscaran jamás. Sus hermanos aún no saben exactamente por qué tomó tal decisión. Hasta la fecha no han vuelto a saber de él. Ese cisma personal todavía me sigue causando escalofrío. Ojalá que, como el personaje protagónico de Duhamel, haya partido en pos de la santidad. Pero de la santidad de la que habla el gran escritor francés; es decir, la de la obtención del yo absoluto. Sea así.       

domingo, 6 de diciembre de 2009

¡NO ME DESEEN BUEN DÍA, POR FAVOR!


¿Qué diablos significa en la ciudad de México el formulismo “que tengas un buen día”? A continuación algunas teorías…

1. ¿Que no se suban al camión o micro unos chacalotes y por robarte tu celular o por no traer celular o por quedarse con tu “suelto” que traigas en los bolsillo decidan alojar plomo en tus vísceras?

2. ¿Que a uno de los pinches suicidas del día no se le ocurra inmolarse en la línea del Metro que usas para llegar a tu trabajo, porque valdrá madre el servicio por horas y horas y tomar un taxi, impensable, porque en nueve de cada uno (sic) asaltan?

3. ¿Que el jodido Metro no deje de funcionar justo a la hora pico matutina “por seguridad de los usuarios”?

4. ¿Que, en caso de que seas fémina, un ingeniero en sistemas no tenga tiempo libre y decida ponerse una peluca y vestido para meterse al área de mujeres en el Metro para hacerle tocamientos a la primera que se le ponga enfrente?

5. ¿Que tu jefe, en cuanto llegues a la oficina, no te reciba con una sonrisa inusual y pida que pases a su privado, para ahí darte la noticia de que estás despedido?

6. ¿Que alguna compañerita de trabajo te diga que la invites al hotel El Juez (existe, remítanse a avenida Tlalpan)?

7. ¿Que a tus editores en jefe no se les ocurra, así nomás de güevos, que es necesario adelantar el cierre de la revista (que implica jornadas dobles de chinga) porque, así de güevos, decidieron irse de vacaciones?

8. ¿Que de regreso a tu casa no se suban al camión o microbús unos chacalotes y por robarte tu celular o por no traer celular o por quedarse con tu “suelto” que traigas en los bolsillos decidan alojar plomo en tus vísceras?

9. ¿Que a uno de los pinches suicidas nocturnos no se le ocurra inmolarse en la línea del Metro que usas para regresar a tu casa y que el sistema colapse?

10. ¿Que cuando llegues al barrio no encuentres al escuadrón de la muerte y te grite que eres un vendido al sistema, un burgués, un mal camarada, porque ya no quieres emborracharte de lo lindo con ellos entre semana?

11. ¿Que cuando entres a tu casa no te reciban con la noticia de cuáles son las deudas, interminables, que hay que pagar el mes corriente?

12. ¿Que cuando por fin puedas echarte en tu cama no pienses en qué puta madre significa el hipócrita “que tengas un buen día”?

Mierda, creo que nunca sabré el verdadero significado de ese falso deseo con el que la vecina gorda, sin bañarse y en bata horrenda, me despide todos los días a las seis de la mañana. ¡Mierda!

sábado, 14 de noviembre de 2009

MISTERIO ROEDOR


Me parece extraño. Hace unos minutos, entre una taza de café y acompañado de las Goldberg Variations, del gran J.S. Bach, acabo de limpiar mi escritorio y las repisas de libros que lo encierran, y volví a descubrir rastros de que en esta parte de mi estudio vive o deambula un ratón. Y escribo que me parece extraño porque jamás hay comida en esta habitación, sólo rastros de bebidas espirituosas o de cafeína. Ignoro, entonces, por qué ese pequeño intruso haya tomado este espacio como guarida o como locus amoenus. ¿Será que, como yo, sabe que los libros son nuestros únicos amigos fieles y quienes jamás nos traicionarían? ¿Acaso, como yo, después de vagar y rodar por el mundo exterior sienta que éste es un lugar donde es posible encontrar paz, remanso contra la inmundicia del allá afuera? Es un misterio. Lo cierto es que, sin venia de nadie, ese roedor ha tomado por asalto mi sitio preferido de casa, donde rehúyo de la realidad bastarda de ese que ustedes, cero lectores, llaman mundo. ¿Bienvenido sea, pues?