sábado, 20 de febrero de 2010

UN RAYITO DE SOL

En mi legítima defensa, debo decir que esto es más delirante y extremo que ponerse hasta la madre en el Consorcio y después salir de ahí corriendo como endemoniado y estrellarse contra cuanto poste de Bucareli se cruce y aventar insensiblemente al compañero de briaga que ose impedirlo. Que Alá, el que es perfecto, guarde a estos dos dignos y ludópatas adoradores de Baco. Denle play al video. ¡Está de no mamar!


miércoles, 10 de febrero de 2010

MALA COSTUMBRE


Tengo una sacrosanta mala costumbre: salir de casa con el dinero "justo". ¿Justo para qué?, sepa la chingada. Y no es por las consabidas cuestiones de inseguridad que imperan en esta monstruópolis nuestra de cada día, o para restarle ceritos a mis gastos quincenales, sino... sepa la chingada. Ayer, 20 pesito sonaban en mi pantalón cuando salí de casa. No puede ser. Presupuse que esos varitos eran suficientes para enfrentar el día, pero no fue así. TODO el pinche día tuve antojo de un gran, gran, jumbo, café americano, pero las matemáticas no me iban a responder si lo hubiera comprado puesto que me habría quedado varado a medio camino entre la oficina y mi casa. Lo del antojo de café estuvo leve. Ha habido ocasiones, casi siempre de peda, en que me he quedado, efectivamente, a medio camino, sin dinero para el último camión a mi destino. De modo que me he visto obligado a caminar, caminar y caminar durante horas y horas rumbo a mi hogar. Creo que la última vez que me sucedió lo anterior fue en diciembre, mes de pedas a diestra y siniestra. Prometer que no lo seguiré haciendo sería una falacia tamaño kong. Mejor me repetiré cada día al salir de casa que mis Converse ya no aguantarán muchas "patas de perro" más, para ver si así ya no cargo sólo con 20 pesitos, sino con 30, por ejemplo.

lunes, 8 de febrero de 2010

LOW, MINIMALISMO SONORO

Cuando Low apareció en la escena musical, los ‘especialistas’ de MTV afirmaron que el grupo era la reacción indie contra el “rudísimo” grunge; incluso, les sembraron un lema de lo más ridículo: “Contra el grito, el suspiro”. Nada más ajeno al discurso sonoro-estético de Low. No imagino a Alan Sparhawk, voz principal y guitarra; a Mimi Parker, batería y también voz –esposa de Alan-, y a John Nichols fijándose como objetivo creativo contrarrestar la “virulencia” de Eddie Vedder y Kurt Cobain. Eso reduciría la valía de la gran banda formada en Duluth, Minnesota, en 1994, y convertiría en vicaria su propuesta musical.

   I Could Live in Hope es su primer disco, ópera prima excepcional y brillante. Pocos grupos en su álbum debut consiguen cimentar los elementos fundacionales de su ideario. En temas tan significativos desde sus títulos, por ejemplo, “Words”, “Fear”, “Cut”, “Lazy”, “Slide”,  “Lullaby”, “Rope”, “Drag”, “Down”, entre otros, la banda demuestra su madurez musical per se. La música de Low, pese a su minimalismo orquestal, resulta rica en texturas nostálgicas y doloridas y en ambientes sonoros que pasman; profunda en matices emotivos, lenta e hipnótica hasta lo espectral, representa, en una palabra, el estilo más depurado del slowcore.

   La guitarra de Sparhawk es la vértebra principal de Low, y de sus sonidos desoladores emerge consustancial la voz de Alan (de pronto, con apuntes corales de Mimi), lamento que es prueba de la dicotomía humana en la que se encuentra el líder del grupo. Las composiciones de Sparhawk fluctúan entre el existencialismo desesperanzador y el espiritualismo que él, como mormón confeso, no es capaza de revocar. Las letras de las canciones son un osario ardiente de sus luchas internas entre la certidumbre de las debilidades e imperfecciones del alma humana y la admonición y contrición que le exige su vida religiosa.

   Sin duda, la obra de Low es trascendental y una de las más dignas y electrizantes de la música actual. La vacuidad que parece imperar en el movimiento indie, underground y/o alternativo jamás atentará contra la búsqueda del portento creativo al que Low asciende disco tras disco. 


viernes, 5 de febrero de 2010

¡DIOS SALVE A LOS PAPARAZZI!

Lo confieso. La pleitesía que le rindo al cuerpo femenino me lleva a buscar beldades en cualquier revista que cae en mis manos, sean "del corazón" (propongo media hora de patadas en los tanates a quien acuñó tal adjetivo mamón), de espectáculos, deportes, modas, catálogos de lencería, de prendas en general para mujeres, etcétera. En una de ellas, cuyo nombre no menciono porque puede herir susceptibilidades, y que no es Sport Illustrated, encontré a Elsa Benítez, la top model mexicana de moda (y creo que la única de estas tierras fritangueras). En cuanto pude glogueé su nombre (propongo una hora de patadas directas al recto a quien revolucionó el lenguaje español con este verbo condechi), y aparecieron las imágenes que pueden ver al calce de este post. La existencia de los paparazzis me era indeferente hasta hoy que descubrí las fotos que alguno de ellos le tomó sin cáscara textil inmunda (léase ropa) a la sin par Elsita. ¡Oh, santo Niñito Doctor, qué clase de mujer!, ¡véanle sus cositas, por todas las almas en El Purgatorio, mi pulquería favorita! ¡Diosito nuestro de cada día, no desampares jamás a tus hijos los paparazzis y no dejes de producir para nosotros, pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte, ricuras como ésta!...





miércoles, 3 de febrero de 2010

JIMBO SIGUE GOBERNANDO


No cabe duda, el mejor disco de los Doors es L.A.Woman, material que el hijo de puta Paul Rotchild, productor de todas las placas del grupo, no quiso financiar. Afortundamente, los Doors le tenían mucha fe a las rolas y decidieron pagarlo ellos mismos. Hoy rumbo al trabajo lo escuché completito. La voz admonitoria y aguardentosa del gran Morrison (quien moriría sólo tres meses después de haber terminado el álbum), combinada con las ahora sí buenas e intensas ejecuciones de Manzarek, Krieger y Densmore, me hicieron vibrar cabrón. Programé más de una vez los cortes que me parecen más sobresalientes y siniestros del disco, es decir, "Been Down So long", "Cars Hiss by my Window" y, por supuesto, "Crawling King Snake". No sé ni madres de inglés, pero puedo intuir que las letras de Jimbo son de un realismo trágico implacable, desoladoras, poéticamente misteriosas e inquietantes; son la visión atroz de un profeta existencialista sobre la apocalíptica y sicalíptica Los Ángeles. La historia y evolución del rock no sería la misma sin una producción discográfica como L.A.Woman.        

miércoles, 27 de enero de 2010

¡SANTO, SANTO!

Mi héroe máximo siempre ha sido Santo, el enmascarado de plata. Hace unas semanas compré su película más representativa: Santo contra las mujeres vampiro, y el fin de semana la disfruté enormidades. Las vampiras, con Lorena Velázquez como líder, son de una cachondería, en verdad, levanta muertos. Durante mi infancia vi casi todas las cintas del Santo. Fueron importantísimas para mí porque las aventuras del enmascarado de plata le aplicaban dos tres llaves magistrales a la tristeza y dificultades que pasé cuando niño. Todos los domingos acompañaba a mi mamá al mercado con la ilusión de que me comprara un muñequito del Santo, sí, esos baratos de plástico. Algunas veces era posible, otras no; pero aun así llegué a formar una colección considerable de luchadores, que, obviamente, perdí con el paso de los años.   

   Cuando me disponía a ver una película de ese inmortal de la lucha libre, pedía a mi mamá que me confeccionara una capa para tener la indumentaria completa, pues en una de esas visitas al mercado de la colonia ella me compró la mítica máscara plateada. En cuanto terminaba el filme, yo inventaba luchas contra seres de otros mundos o monstruos terribles, y en esas batallas imaginarias tenía que aventarme de mi litera a la cama de mis padres, sí, dormíamos todos en una sola habitación, para derrotar a mis enemigos. Las batallas a dos de tres caídas terminaron hasta que las tablas que sostenían el colchón de la cama ya no soportaron jugar a que eran el ring. 

   Hoy, después de haber gozado de nuevo Santo contra las mujeres vampiro, considero que ese personaje sagrado, sabio, valiente y caballeroso con las mujeres, del que todas las profecías, apócrifas, hablaban como el restaurador del orden y el bien, sigue luchando contra mis monstruos: depresiones, desalientos, desesperanzas y decepciones actuales. El poder de Santo está vigente en mí. Simón. 



jueves, 21 de enero de 2010

MARY-LOUISE PARKER RECOMIENDA...



Fumar mariguana. ¿Por qué chingaos? 

El cannabis es el mejor expectorante natural. La mariguana fumada dilata las vías respiratorias, dejando que entre más oxígeno a los pulmones. 

El cannabis disminuye la presión sanguínea, dilata las arterias y reduce la temperatura corporal, por lo que sirve para aliviar el estrés.

 Los ácidos cannabidiólicos se pueden utilizar como antibióticos para combatir multitud de enfermedades, por ejemplo la gonorrea. Según un estudio realizado en Florida en 1990, están también indicados para el herpes.

A diferencia del tabaco, que hace que las arterias se contraigan, el cannabis hace que éstas se dilaten. Puesto que las migrañas son resultado de la combinación de espasmos arteriales con una hiperrelajación de las venas, los cambios vasculares que produce el cannabis en la cubierta cerebral (las meninges) suelen hacer desaparecer los dolores.

El cannabis estimula el apetito, por lo que se ha manifestado como la mejor medicina para tratar la anorexia.

 La mariguana eleva el estado de ánimo, facilita la concentración y propicia un estado de bienestar y seguridad. Es un buen aliado para quienes tienen que sobrellevar enfermedades como el sida.

El cannabis es el mejor tratamiento para la demencia, la senilidad y tal vez para la enfermedad de Alzheimer, para recuperar la memoria a largo plazo y para otros muchos achaques. Ayuda a los ancianos a convivir con problemas como artritis o insomnio.
 

¡Advertencia! 96 grados Bucareli no se hace responsable de las recomedaciones vertidas en este post y no necesariamente comparte las opiniones de sus colaboradores. Pero de que Mary-Louise es una MILF deliciosa, que ni que.

miércoles, 20 de enero de 2010

TETAS ON THE ROAD

Hasta hoy, las autoridades responsables del caso no han discernido si Cherelle May Dudfield, una heroica neozelandesa de 18 años, es más suicida que exhibicionista, o una exhibicionista suicida. Cherelle, seguramente cansada de que nadie le pidiera que mostrara sus tetas y menos que alguien quisiera pegarse a ellas como alicante, decidió exhibirlas, no se informó si son protuberantes o como dos tristes calcetines con canicas dentro, a los automovilistas que circulaban por una de las avenidas principales de cierta ciudad del sur de Nueva Zelanda. Cherelle, en el carril de en medio, toreaba el tránsito teniendo como capote sus dos lolas al aire libre hasta que un conductor, cuya tendencia sexual se desconoce pero se sospecha, la embistió. Cherelle no logró esquivar el bólido y rodó por el parabrisas, para después caer en el asfalto. Sin lesiones de consideración, Dudfield aceptó su culpabilidad, ignoramos si ya con las chichis fajadas, del delito de desorden público. El juez, cuyo nombre ha sido omitido sin razón explicada, le impugnó una multa de 275 dólares neozelandeses y tres meses de trabajo comunitario que, según fuentes no reveladas, consistirá en probar una nueva generación de sostenes de metaloterapia, en fase experimental 1, con arillos e imanes para disminuir histeria, bochornos premenopáusicos y toda consecuencia de insatisfacción sexual.

Con información del honorable periódico neozelandés Stuff Snuff!       

martes, 19 de enero de 2010

¡MATA, ESCUINCLA, MATA!


Supongo que muy pocos consideran interesante el cine de Mario Bava, y muchos menos lo aprecian hasta la insanidad. El fin de semana Foxdine y yo vimos Kill, Baby, Kill (Operazione paura, título original en italiano, 1966), una de las películas de culto del director ítalo nacido en 1914 y muerto en 1980. A ella le divierte mucho el trabajo de Bava, lo considera Serie B, y tiene algo de razón. Yo diría que es, simplemente, fascinante, con todo y los evidentes problemas de presupuesto a los que tuvo que hacer frente y los escollos narrativos en los que caen sus tramas, siempre de terror, brujeriles, de maldiciones ancestrales, venganzas de ultratumba, todo con un tenor neogótico muy particular.

Mario Bava es uno de los fundadores del Cinema Giallo, el otro es el maestro Dario Argento; cine que encontró inspiración en la nota periodística amarilla y roja de los años sesenta y setenta. La obra cinematográfica de Bava, para dar otra referencia, es el prototipo de las películas de serial killers y psicópatas, Bahía de sangre, por ejemplo, tiene la paternidad de la interminable saga Viernes 13.

En Kill, Baby, Kill Mario Bava reincide en lo que parece haber sido su tema predilecto: el ajuste de cuentas, entre más sangriento, mejor. Una niña, que murió en un terrible accidente en una región de la provincia italiana más profunda, regresa del mundo de los muertos para cobrar venganza a los habitantes del pueblo que no hicieron nada por salvarla. Una serie de muertes inexplicables comienza a ocurrir, por lo que un médico forense eminente es llamado por las autoridades locales para que desentrañe el misterio. El final es chingón debido a la explicación parasicológica que hay detrás del origen de los acontecimientos sangrientos, a todas luces cagada y risible, en extremo para Foxdine, siempre racional e implacable para ver cine.

 Pese a las atmósferas seudoatemorizantes, montadas con utilería de segunda; el acartonamiento dramático de los actores, sobresale el del médico, y la rapidez con la que se resuelve el nudo argumental, Kill, Baby, Kill cumple con las expectativas. Las escenas mortales y la aparición fugaz pero inquietante de la niña, como la culpa insepulta de los casi responsables de su muerte, son regocijantes. Si hay algo de lo que no se debe culpar al gran Mario Bava, es de que su cine no haya sido honesto consigo mismo, tan honesto y válido como la fantasía más delirante de un niño.                 

lunes, 18 de enero de 2010

CHARLOTTE ROCHE, ANTIHEROÍNA ERÓTICA


Pensar en un parangón mexicano de una novela como Zonas húmedas (Anagrama, 2009) ópera prima de Charlotte Roche, es imposible. La escritora británica de 31 años logró escribir una especie de diario erótico carente de todos los supuestos que canónicamente suelen acompañar a la “literatura licenciosa”. La propuesta de Charlotte es simple y, por ende, acertada: una prosa directa, sin subterfugios seudosinestésicos o ridículamente  dizque transgresores, propios de los que se aventuran en el género, y una historia sencilla pero sólida y con varias aristas que la enriquecen problematizándola.

Zonas húmedas es la novela del hoyocentrismo, del absoluto femenino en cuanto a vagina, ano y boca. Helen, la protagonista, joven bisexual de 18 años, prefiere asir el mundo adulto, al que recién accedió más que gustosa por la permisibilidad que atañe, a través de sus cavidades. Helen puede descubrir el grado de neurosis de una mujer lamiéndole la vagina o paladeando el sabor de sus tetas, el carácter de un hombre viendo y después sintiendo el rigor de su verga y probando su prebenda seminal. Pero a la par que descubre al otro se conoce a sí misma por las respuestas sexuales que su cuerpo, en complicidad con su psique, le ofrece. De esa manera, Helen se construye una sexoteoría psicosociológica conductual tanto del género masculino como femenino, que poco o nada tiene que ver con el placer carnal llano.

Mención especial merece el culo de Helen. En algún momento de la novela, sentencia que el mejor sexo, o el verdadero, es el que se obtiene rememorando a Sodoma. Helen sufre y disfruta el mundo mediante su ano. Un padecimiento grave de hemorroides la confina varias semanas en un hospital, donde para no aburrirse evoca sus encuentros sexuales, con especial deleitación en los que su culo fue protagonista. Entre derramamientos de sangre por el recto y la excitación por los recuerdos, Helen planea, con una candidez infantil, que sus padres, divorciados, coincidan en una visita y comiencen a tratarse de nuevo para que reinicien su relación sentimental. 

Zonas húmedas expande y desacraliza el término erótico, donde mierda, menstruo y otras deyecciones consideradas non sanctas adquieren, muy lejos de la escatología sadeana, un cariz diferente, Roche las transforma a través de un "infantilismo sensorial" en materia propia de los placeres más gloriosos y, por consiguiente, en parte del eros más puro y totalizante.